Docente reflexionando sobre su ritmo de trabajo a mitad de enero

Cuando el ritmo empieza a sentirse

Después de los primeros días de clases, algo cambia.

La novedad del regreso se disipa y el trabajo comienza a mostrar su forma real. Ya no estamos en el arranque, pero tampoco hemos entrado por completo en la inercia del ciclo. Estamos en ese punto intermedio donde el ritmo de trabajo docente empieza a sentirse.

Para muchas personas docentes, este momento pasa casi desapercibido. Seguimos trabajando, resolviendo y atendiendo lo que cada día exige. Sin embargo, internamente algo se acomoda: empezamos a comprender cuánto tiempo ocupa el trabajo, cuánta energía demanda y cómo se distribuye dentro de nuestra vida cotidiana.

El momento en que el ritmo se vuelve visible

Este punto del ciclo no suele tener un nombre, pero es significativo. Es cuando comenzamos a percibir qué tan sostenible es el ritmo que llevamos. No desde el cansancio extremo, sino desde una lectura más clara y honesta de lo que implica el día a día en el aula.

El inicio de clases deja de sentirse nuevo y el cuerpo, la mente y la agenda empiezan a registrar la carga real del trabajo docente.

Ajustar sin detenerse

A veces, en este momento aparece una sensación silenciosa: la necesidad de encontrar equilibrio sin detenernos. Ajustar sin frenar. Continuar sin desbordarnos.

Ese equilibrio no suele lograrse desde la exigencia, sino desde la observación consciente de cómo estamos trabajando y cómo estamos viviendo este inicio de año. Reconocer el ritmo es un primer paso para no dejar que se vuelva abrumador.

Nombrar el punto intermedio

Reconocer este momento no implica hacer cambios inmediatos. Implica tomar conciencia. Entender que el trabajo docente no se construye únicamente en los grandes comienzos, sino también en estos puntos intermedios donde el ritmo se define y se vuelve tangible.

Quizá la práctica docente también se sostiene aquí: en estos espacios intermedios donde el ritmo se revela. Nombrarlos no cambia el ciclo, pero sí puede transformar la manera en que lo habitamos.

En LiLDAR, creemos que poner palabras a estos momentos ayuda a transitar el trabajo con mayor claridad y cuidado.

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